
¿Ha oído usted decir alguna vez que las preocupaciones envejecen? Existen una gran verdad en estas palabras. todos hemos visto gente que se llena de canas de un día a otro cuando atraviesa por una crisis emocional o financiera. ¿Cuál es exactamente el patrón de pensamiento al que llamamos preocupación? Parece tener la habilidad de envenenar muchas horas de nuestra existencia; podríamos hasta decir que las preocupaciones nos hacen envejecer porque aceleran el tiempo.
La preocupación es obviamente un cierto hábito del pensamiento; es el hecho de estar nervicioso por algo que ya sucedió o tener miedo de que algo suceda en el futuro. Las preocupaciones no corresponden al presente.Analicemos primero el pasado. Nadie ha descubierto alguna manera de alterarlo. Una vez que algo ya ocurrió no hay manera de cambiarlo. Se regista en el pasado de una manera indeleble e irrevocable; el tiempo lo transporta a un lugar donde ya no es posible hacer nada para mejorarlo. La mentarse de errores o daños del pasado es improductivo.
También es nocivo, pues libera en nuestro organismo toda clase de sustancias tóxicas que elevan la presión arterial y sobrexcitan el corazón. La estrategia para desarmar a estas preocupaciones es reconocer los errores pasados por lo que son, aprender de ellos y dejarlos en su lugar permanente: el pasado. Consagrar nuestra atención al presente requiere de una comprensión sana de que el pasado se ha ido para siempre.
El hecho de preocuparse es rehusarse psicológicamente a enfrentar esto. Lo que parece algo aparentemente inevitable en nuestra vida, es que los errores, los daños, los rencores y los actos injustos dejan cierta impresión en nuestra mente y se filtran a nuestra fisiología por medio de la conexión psicofisiológica.
La segunda clase de preocupación se fija en el futuro. Consiste en evitar el dolor tratando vanamente de controlar el futuro. Un médico internista, colega mío, me proporcionó un ejemplo preciso de esta clase de pensamiento. Él había estado tratando a una paciente durante los últimos 20 años; en ese periodo, ella lo visitaba dos veces al año para que le practicara un examen físico completo. Siempre que la veía, ella mostraba una gran preocupación de que pudiera tener cáncer. Aunque no mostraba ningún síntoma de dicha enfermedad, inventaba una serie de dolencias que forzaban al internista a practicarle varias pruebas, sólo para asegurarle, de nuevo, que no tenía cáncer.
Esta escena se repetía una y otra vez, año tras año. Cada vez el internista hacía todo lo posible por tranquilizar a su paciente y asegurarle que no tenía cáncer y cada vez ella se iba preguntandole "¿está usted seguro?" Sin embargo, en la última ocasión su médico le practicó una serie de pruebas y tuvo malas noticias. Se enfrentó a la mujer llevándole un diagnóstico confirmado de cáncer, a lo que ella replicó alzándose como en son de triunfo: "¡Se lo dije; se lo he estado diciendo durante 20 años!"
Con sus preocupaciones, esta mujer imaginó claramente una enfermedad a la que tenía gran temor, y a lo que le prestó atención, creció. La conciencia en sí tiene una manera de alterar los hechos. Nuestra mente subconsciente, de manera bastante automática, puede hacer que las cosas que imaginamos claramente se vuelvan realidad. La gente que se preocupa con facilidad se ha convencido a sí misma de que el hecho de preocuparse es, de alguna manera el estilo correcto del pensamiento para hacer que algo malo no pase; pero la atención es la atención. Si imaginamos claramente algo que no queremos que suceda, casi seguro que va a suceder. Tal vez sólo algo "igual de malo" pase; da lo mismo. Si debemos imaginarnos el futuro de algún modo, pensemos en hechos positivos, alegres y felices.
Sin embargo, la gente sana no vive ni en el pasado ni en el futuro. Vive en el presente, en el AHORA, lo que le da al ahora un saber a eternidad; porque no hay sombras que se le interpongan. Las preocupaciones no ocurren en el presente. Cuando se le presta atención al momento presente, éste crece en su totalidad. Cuando uno pasa la vida viviendo momentos sucesivos del ahora, entonces el tiempo no es el enemigo psicológico del hombre. El mal causado por las preocupaciones se vence cuando apreciamos lo que la vida tiene que dar hoy.
Al leer este artículo he comprendido muchas cosas de mi vida: que hay que mirar hacia adelante no hacia atrás y esperar hacer lo mejor y recibir lo mejor de esta vida!!!
ResponderEliminarAlejandra López Rojas
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